El presidente estadounidense, Donald Trump, amenazó este lunes con “destruir por completo” la isla de Jark, sede de la principal terminal petrolera de Irán, si no hay un acuerdo para poner fin a la guerra y reabrir por completo el estrecho de Ormuz.
La escalada del conflicto en Medio Oriente no se detiene; no aparecen señales de una tregua. En los últimos días continuan los bombardeos de Israel contra objetivos en Irán y simultáneamente, sigue la ofensiva israelí en Líbano contra el movimiento proiraní Hezbolá.
Tras los ataques recibidos, Irán se ha visto afectado en su red eléctrica, lo que ha provocado apagones en varios puntos de la capital. Sin embargo, el Ministerio de Energía afirmó que la red está “estable” pese a los bombardeos.
Recientemente, el ejécito de Israel anunció que atacó una universidad de Teherán vinculada a los Guardianes de la Revolución, el ejército ideológico de Irán, asegurando que ahí se realizaban “actividades de investigación y desarrollo de armas avanzadas”.
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En medio de este contexto, el presidente Donald Trump muestra una postura diferente a la de hace unas semanas: ahora solicita un acuerdo no solo mediante negociaciones, sino con nuevas amenazas.
En el mismo mensaje en su red TruthSocial en el que decía que iba a “destruir por completo” la isla de Jark —que concentra el 90% de las exportaciones de petróleo de Irán— también aseguró que Estados Unidos se encuentra en “conversaciones serias” con un nuevo gobierno iraní, que calificó de “más razonable” que el anterior, pero sin dar detalles.
Tras una pausa la semana pasada, los ataques se intensificaron este fin de semana sobre la capital iraní. La oenegé Hrana contabilizó al menos 360 ataques en 24 horas en 18 provincias del país. Para los habitantes de Teherán contactados por la AFP desde París, ya nada es normal.
“Salir por la noche o simplemente poder ir a otro barrio de la ciudad, hacer mis compras en otro lugar que no sea la pequeña tienda de ultramarinos o la panadería de mi calle, leer en un café, ir al parque (…) Todas estas cosas muy, muy sencillas las echo de menos”, relata Elnaz, una pintora de 32 años. “Echo de menos una noche de sueño tranquila”, concluyó.
Fuente: El Economista