Morelia, Mich. | Agencia ACG.- Con la Catedral de Morelia colmada de fieles y sacerdotes provenientes de distintas parroquias, este miércoles se celebró la Misa Crismal, uno de los ritos más significativos de la Semana Santa, marcado por el aroma de los óleos, los cantos litúrgicos y la solemnidad del encuentro entre el clero y la comunidad.
Durante la homilía, se recordó el sentido profundo de esta celebración que remite a la Última Cena, subrayando que no se trata de un llamado a reproches, sino a la renovación del amor y la fraternidad sacerdotal: “El Señor nos ha convocado no para pedirnos cuentas, sino para renovar en nosotros su amor”, se expresó ante los asistentes.
En el mensaje también se hizo énfasis en el contexto actual del país, atravesado por la violencia, la pobreza y el dolor de las víctimas, señalando que el papel del sacerdote no es el de un funcionario, sino el de un servidor cercano a la gente, capaz de consolar y acompañar: “Está llamado a llevar el aceite de la alegría en medio del duelo y la inseguridad de muchas familias”.
Como parte central del rito, el obispo bendijo los óleos de los enfermos y de los catecúmenos, además de consagrar el Santo Crisma, que será utilizado en los sacramentos a lo largo del año, mientras que los sacerdotes renovaron sus promesas, reafirmando su compromiso de servicio en medio de una realidad que exige, se dijo, “esperanza y justicia”.
La celebración concluyó con un llamado a construir una cultura de paz desde la fe y la cercanía con la comunidad, recordando que la misión de la Iglesia es ser presencia viva en los momentos más difíciles, llevando consuelo, acompañamiento y sentido en medio de la incertidumbre social.
