Mirador Crítico

Siempre he creído que a la izquierda mexicana le sobran las buenas intenciones, pero le hace falta un método para hacerlas posibles y eficacia para gobernar.

También creo que las buenas intenciones en un hombre y en una conciencia de izquierda, no siempre son “buenas” y tienen fecha de caducidad: así como no se puede creer, racionalmente, en la buena fe ni en las buenas intenciones de un Mussolini, un Hitler o un Stalin, por poner tres casos, tampoco es posible creer que una técnica de la buena intención pueda construir, de un día para otro, el Paraíso en la tierra.

Marx fue un hombre sin oficio ni beneficio, un vagabundo por elección, un homeless que vivió del trabajo y el bolsillo de Frederick Engels, de tal suerte que la filosofía marxista que creó años después fue un reflejo de su vida. Así pues, entre el parasitismo de los marxistas de ayer y el parasitismo de los populistas de hoy, no hay mucha distancia.

Del marxismo parasitario de ayer se desprenden el socialismo y el comunismo y, a últimas fechas, el populismo autoritario del tipo que hoy vivimos en México.

Siempre he creído, también, que a la izquierda mexicana le hace falta un ritual de purificación: además de superar los espectros, los demonios y fantasmas de su historia, le haría bien sacudirse herencias perversas y malditas como el estalinismo, el dogmatismo y el fanatismo, si deveras desea ser uno de los rostros posibles de la modernidad política.

Conocí, en la Cámara de Diputados, a Valentín Campa y a Arnoldo Martínez Verdugo, hombres a los que podría catalogarse como referentes de la izquierda doctrinal y pura, e incluso dura en el mejor sentido de la palabra.

Lo que hoy veo en la 4T, que dice ser de izquierda, es a una izquierda de derecha por su estrechez mental, su uso inmoral de la religión para mantener contenta a la feligresía, su comportamiento neoburgués, su mercantilismo y sus uñas largas. No creen ya en el marxismo-leninismo y su visión esteparia del hombre, sino en algo que les resulta más cómodo y ventajoso: el “marxismo-lananismo”.

Es decir, parafraseando a Joan Manuel Serrat, la izquierda mexicana de hoy es una réplica exacta de todo aquello contra lo que la izquierda luchaba hace 40 y 50 años. Si México ha cambiado para bien, la izquierda también ha cambiado, pero para mal.

Hay una herencia envenenada que Morena le está dejando al país: lo que hoy el gobierno debería estar haciendo bien en beneficio de todos, lo hace mal y a un sobrecosto de gran corrupción en perjuicio de muchos, y encima se lo cobra a los mexicanos el día de las elecciones como si estuviera haciendo maravillas. ¡Qué feo caso es la 4T, en verdad!

Omega Vázquez, la excepción

Omega Vázquez Reyes es una mujer estudiosa y talentosa que, vista desde el ángulo de su vida política, se cuece aparte.

A su condición de mujer estudiosa y reflexiva, pues cuenta con dos licenciaturas y dos estudios de posgrado, debe sumarse el hecho de que es una mujer de territorio, de acciones y propuestas afirmativas.

Si el estudio y el análisis vertidos por ella en los medios de comunicación hablan de una mujer de pensamiento claro y sólido, su fundación de asociaciones y organizaciones de piso social para empoderar a las mujeres, como el Movimiento Nacional “Nosotras”, indican que se trata de una líder social y política proactiva y progresista.

No basta estar en la política y destacar en ella por ser mujer; lo que vale la pena es estar en el quehacer político y destacar en él por ser eficiente y capaz. Y este es, precisamente, el cuadrante humano y profesional de Omega Vázquez: no es arribista ni improvisada, sino que tiene talento y es eficaz.

Aunque conoce la izquierda del tumulto, del grito y el sombrerazo, y no la arredran ni el empellón ni el ánimo caldeado, ella es fiel a su estilo: el aire sereno del pensamiento y la técnica diaria del servicio público son su fortaleza. Ni Morena ni la 4T deberían desaprovechar un perfil así.

Omega Vázquez es la Coordinadora de la Secretaría de Economía en Michoacán, y es muy recomendable no perderla de vista y estar atentos a los esfuerzos e iniciativas que diariamente despliega en beneficio de las y los michoacanos.

Su esfuerzo y tesón merecen que se la tome en cuenta.