Fátima Castro y Alejandro Mora, sus principales impulsores, explican por qué esta feria de es un esfuerzo por democratizar la lectura

Víctor E. Rodríguez Méndez

A punto de cumplir su primer lustro con dos emisiones anuales, la Feria del Libro de Ocasión de Morelia (FLOM) se ha convertido en un espacio entrañable y democrático en el corazón del Centro Histórico de la capital michoacana, donde los libros usados recuperan su vida y la lectura se celebra como un acto cotidiano, accesible y colectivo. Del 4 al 13 de abril de 2026 se realizará para ofrecer precios accesibles en libros y diez días de programación cultural con talleres gratuitos, performances y música en vivo.

Impulsada por colectivos de libreros y promotores literarios locales —con el respaldo de la Secretaría de Cultura de Michoacán—, la feria surgió en 2021 como una iniciativa para abrir un mercado justo de ejemplares de segunda mano y, al mismo tiempo, generar un programa cultural vivo que va más allá de la mera venta. Su propósito central es democratizar el acceso al libro: ofrecer títulos a precios asequibles, rescatar joyas olvidadas en anaqueles polvorientos y fomentar el hábito lector.

Fátima Castro Pacindo y Alejandro Mora Cervantes hablan en entrevista sobre lo que es algo muy personal para ellos. Los dos son parte medular de la organización: él como director general y ella como coordinadora, además de Víctor Manuel López Ortega, que es coordinador de la programación general.

Para Fátima, la FLOM es un proyecto que nació del Corredor Literario Morelia, que ella misma diseñó. Por tanto, ver cómo ese proyecto ha crecido tanto es un logro muy grande y significativo. “Lo que más me llena de orgullo es ver que la gente espera la feria, que llega, se lleva libros y se acerca a las presentaciones. En estos tiempos en que la lectura está bajando, poder atraer a nuevas personas y hacer que se interesen por leer es algo que llena mucho”.

Explica Alejandro que, si bien todo empezó en 2015 con el Corredor Literario, también fue fundamental con la constitución de la Asociación de Libreros Michoacanos de Ocasión, A.C., que agrupa actualmente a más de 25 miembros. La mayoría de la mesa directiva está integrada por libreros con mucha trayectoria. Por ejemplo, está Víctor Báez, que tiene más de 90 años y más de 50 dedicados al mundo del libro. También está Isaías Morelos, con más de 50 años de experiencia, y Caliche Caroma, que tiene dos librerías y, además, participa con su grupo Sonaxa.

Además de los libreros, dice, se cuenta con el apoyo de otras librerías locales. “Cuando les platicamos del proyecto, todos responden con mucho entusiasmo: ¡Adelante! Estamos contigo, vamos a promocionar. Saben que, como asociación civil, no lo hacemos por interés personal, sino para dejar algo a la sociedad: crear eventos culturales, dar espacio a quienes no tienen dónde presentar sus libros y acercar la lectura y la cultura a la gente. Por eso, en esta décima edición, la feria ya se ha convertido en una costumbre aquí en Morelia, especialmente para todos los que amamos los libros y la cultura”.

Agrega: “Lo que más le enorgullece es ver que lo que sembramos junto con otros libreros ha dado frutos. La gente de Morelia y de los municipios ha respondido, se ha apostado por el libro físico (tanto nuevo como usado), y hemos logrado traer editoriales importantes como Porrúa, Trillas y proyectos locales como Transhumante, que se presenta en esta décima edición”. Para él, el mayor logro es haber cumplido el objetivo principal de la asociación: “Acercar la lectura a la gente en tiempos difíciles. Es algo que hacemos con mucho orgullo y con muchas ganas”.

Laberinto de papel

La Feria del Libro de Ocasión de Morelia se realiza tradicionalmente en el llamado Jardín de la Nueva España, situado a un costado del Museo Casa Natal de Morelos, un recinto cargado de simbolismo: la casa donde nació el llamado Siervo de la Nación se convierte, durante unos días, en un templo laico de las letras. Allí, decenas de expositores despliegan sus mesas repletas de volúmenes de todos los géneros —desde primeras ediciones y clásicos desgastados hasta ensayos contemporáneos, novelas de bolsillo, poesía y textos especializados—, creando un laberinto de papel que invita al visitante a pasar horas hojeando, negociando y descubriendo tesoros inesperados.

En este espacio la feria ha logrado asentarse y la gente la reconoce como algo especial. Alejandro señala que cuando van a otras ferias o a municipios los libreros ya les preguntan: ¿Cuándo es la próxima? Dame las fechas. “Ya se siente como un evento emblemático y queremos seguir ahí el mayor tiempo posible”.

Sobre el público asistente, Fátima asegura que también hay gente que la espera. “Nos preguntan; está en el centro, pasa mucha gente y eso ayuda. Viene público de Morelia, de municipios como Uruapan y Zitácuaro, e incluso hemos tenido presentaciones internacionales, como de Cuba. Además, como es un espacio semiabierto en el jardín de la Casa Natal, se difunde fácil. La gente ya nos está esperando, tanto escritores como colectivos. Nosotros ponemos el espacio y el escenario, y ellos se encargan de la promoción”.

Además, a esta feria la distingue no solo el comercio de ocasión, sino su programación paralela: presentaciones de libros, lecturas en voz alta, talleres, funciones de títeres, conciertos y actividades para todas las edades.

Fátima explica que la feria ha ido evolucionando desde la primera edición, cuando el objetivo era simplemente acercar el libro y dar un espacio para presentarlo. Con el tiempo se ha ido transformando: siempre hay presentaciones de libros y performances, pero cada edición tiene su propio toque y personalidad. “Hace tres ediciones empezamos a incluir talleres y la gente los ha recibido muy bien. Ahora ofrecemos cinco talleres gratuitos y la verdad es que a la gente le encanta, van mucho. Eso también ha convertido la feria en un punto de reunión bonito”.

Alejandro añade que desde hace cuatro o cinco ediciones se tiene música todos los días con el grupo Sonaxa. “Como estamos en un museo, llega mucho turista y la música regional ayuda a que se sienta todavía más como una fiesta de los libros”.

Si bien en la edición pasada se tuvo muy buena participación, asegura Fátima, ahora son talleres diferentes a cargo de Ashuni García, Cecilia Correa, Víctor Loorman y Yunuén Gómez. “Repetimos sólo el del taller de reparación de libros que lo da Alejandro, con cupo lleno. Los mismos talleristas han llegado con nosotros para dar determinado taller. Entonces, es una parte importante también”.

Popular e independiente

En un país donde las grandes ferias internacionales o nacionales acaparan reflectores y presupuestos, la Feria del Libro de Ocasión de Morelia representa la resistencia amable de lo local y lo popular: esta feria se define por su carácter popular, independiente y centrado en el libro de segunda mano. No busca novedades relucientes ni grandes stands editoriales, sino el rescate de volúmenes olvidados y algún hallazgo afortunado.

Su crecimiento se refleja en el aumento progresivo de expositores (de decenas a 40 o más en algunas ediciones), la diversificación de actividades (talleres gratuitos, performances, música en vivo, ajedrez, cuentacuentos) y el respaldo institucional de la SECUM, sin perder su esencia autónoma y popular.

“Como asociación civil hemos intentado bajar recursos, pero la verdad es que se nos ha complicado un poco”, señala Alejandro. “La Secretaría de Cultura de Michoacán nos ha brindado muchas facilidades. En algunas ocasiones nos han apoyado con gastos mínimos que necesitamos, como mobiliario o para imprimir lonas de publicidad. También nos ayudan mucho difundiendo la feria en sus redes sociales. Realmente es con ellos con quienes más trabajamos y nos apoyamos en estos proyectos”.

No niega que son tiempos difíciles, entonces trata ser lo más autogestivo posible: “Llevamos nuestro propio material y controlamos mucho los gastos. Al final, no hay grandes erogaciones porque nadie cobra por participar. Todos los eventos y talleres son gratuitos, como decía Fátima. Por ejemplo, yo doy un taller de encuadernación de libros y llevo todo el material necesario para que las personas que asistan no tengan que gastar nada”.

Insiste Alejandro que básicamente se busca promover las librerías locales por ser parte de la Asociación de Libreros de Michoacán, aunado a la formación de “una gran alianza” con entre 10 y 15 colectivos. La idea es simple: acercar la lectura a la gente a través de una feria llena de eventos culturales. “Los colectivos traen presentaciones de libros, editoriales locales y muchas actividades. Nosotros, como libreros, ponemos los precios más accesibles posible”.

Por su parte, Fátima asegura que esta Feria del Libro de Ocasión los colectivos son clave: “Cada edición llenamos los diez días con una programación muy completa. A veces baja un poco en ciertos días, pero casi siempre está llena. Abrimos espacio a escritores, poetas y artistas de todo tipo. Por eso la feria se siente tan completa e integral”.

“Me preguntan mucho por qué le llamamos ‘Feria del Libro de Ocasión Morelia’ ”, apunta Alejandro. “A diferencia de otras ferias convencionales, nosotros le apostamos fuerte al libro usado, al libro antiguo y al libro descontinuado, aunque también traemos editoriales nuevas. La gente llega buscando esos títulos que ya no encuentran en las librerías normales. Hoy en día es cada vez más difícil conseguir libros que hace diez años sí estaban en el fondo editorial. Aquí los pueden encontrar. Y a eso le sumamos una programación 100 por ciento cultural: más de 40 eventos entre títeres, talleres, música, presentaciones de libros y performances. Al final, es toda una fiesta cultural”.

Para Fátima Castro el libro sigue vivo, aunque con la digitalización los tiempos están difíciles. “La gente sí lee, pero terminar un libro ya se siente como un triunfo. Atraer a los jóvenes es todo un reto; muchos llegan por algo que vieron en internet, pero solo es un 5 o 10 por ciento. Hay rezago, pero si seguimos trabajando podemos subir ese porcentaje. Es una gran labor. El libro se tiene que renovar, pero lo clásico también vale. Siempre trae algo nuevo”.

“Es un proceso complicado”, añade Alejandro. “Los libros de hace diez o veinte años ya no se encuentran fácilmente. Por eso, como asociación civil buscamos acercar esos títulos a la gente. Llegas a una librería y muchos títulos están agotados. Nosotros ayudamos a los jóvenes y a la gente a no perder el gusto por la lectura. Si buscas El coronel no tiene quien le escriba de García Márquez y no lo consigues en Morelia, en la feria seguramente lo vas a encontrar”.

Les pregunto para finalizar cómo se imaginan la feria en cinco años y qué le hace falta. Fátima dice que, aunque son diez días, en realidad se quedan cortos. “Hay mucha gente que quiere participar —expositores y visitantes— y nos saturamos, entonces nos falta crecer más para poder recibir a todos. En cinco años me gustaría que siguiéramos ahí, conociendo gente nueva, sumando más participantes y que la feria se convierta en un evento realmente representativo de la lectura y las artes en Morelia”.

Por su parte, Alejandro menciona que sería bueno abrir más espacio a los colectivos. Al final, apunta, ésta es una fiesta para el pueblo, para Morelia y para los municipios. “En cinco años queremos seguir presentes, mejorando poco a poco, aprendiendo de los errores y corrigiéndolos rápido. Lo más importante es que la gente que participa, sobre todo los colectivos que regresan cada edición, se vaya contenta y agradecida, sin mal sabor de boca. Seguimos aprendiendo, pero vamos por buen camino”.

Víctor Rodríguez, comunicólogo, diseñador gráfico y periodista cultural.