Editorial | Michoacán, el riesgo de la puerta abierta
• Sin una inversión real en aulas y capacitación docente, el pase automático será solo un refugio temporal contra la exclusión.
La política de ingreso automático al bachillerato en Michoacán se presenta como un triunfo social, pero carece de sustento pedagógico contundente; bajo el sello de «Mi derecho, Mi lugar», el gobierno estatal apuesta por la masificación antes que por la consolidación de la excelencia educativa: abrir las escuelas sin fortalecer su presupuesto es, en el fondo, una forma elegante de administrar las carencias del sistema.
Lo positivo se agota en la estadística oficial que presume un incremento en la matrícula para maquillar el rezago real; si bien se elimina el gasto de las fichas y la ansiedad del examen, se traslada el conflicto a los directores de los planteles: sin filtros claros, la asignación de espacios en escuelas de alta demanda se convertirá, inevitablemente, en un foco de arbitrariedades logísticas.
El aspecto negativo es el abandono del mérito académico como motor de superación para el joven michoacano de hoy; al suprimir la evaluación diagnóstica, el sistema renuncia a conocer las deficiencias con las que el alumno egresa de la secundaria: se iguala hacia abajo, ignorando que una educación sin exigencia es solo una simulación institucional que termina por engañar al propio estudiante.
En la UMSNH y las Normales, el rigor del Ceneval sobrevive como el último dique frente a la improvisación política de turno; mientras en el bachillerato se pregona la universalidad absoluta, en el nivel superior la realidad presupuestal impone muros que la retórica gubernamental no puede derribar: esta desconexión entre niveles creará un embudo social de consecuencias aún incalculables para Michoacán.
Al final, la gratuidad y el acceso sin examen parecen más una salida política que una solución educativa de fondo; sin una inversión real en aulas y capacitación docente, el pase automático será solo un refugio temporal contra la exclusión: el tiempo dirá si estamos formando ciudadanos con futuro o simplemente llenando salones para cumplir con la cuota del día.
